Recuerdos de una mañana

Una de las propuestas intelectuales más excitantes de estos últimos meses. La dejó caer un par de sábados el periodista Arcadi Espada. Hace referencia a las dificultades sufridas por la última película de José Luis Guerín, Recuerdos de una mañana, al encontrarse con la vida.
El resumen es bien sencillo. Guerín hace una película en base a filmaciones sobre su vecindario anónimo. Filma la vida de los habitantes de un patio interior. Filma entre otros a un violinista que toca su instrumento en soledad. Hasta que un día el del violín se tira por la ventana y se mata. Guerín graba los derredores del asunto, la vecindad juzgando al muerto y demás ropa sucia. Hasta que una mañana de verano, una carta barcelonesa, en La Vanguardia: la familia del violinista entiende que el trabajo de Guerín maltrata la figura de su hermano y pide la retirada de la cinta de los mercados.

Hasta aquí la casquería. Ahora vienen los postres. El derecho a la información ¿tiene algún límite?. ¿Qué se entiende por vida privada y cuáles son son sus límites? ¿El suicida que decide arrojarse por una ventana a la calle tiene algún derecho sobre su imagen conservado o se le retiran todos automáticamente?

Bueno, pues ya me van diciendo.

Una indiscreción (I)

Querido J:
José Luis Guerín vive en una clásica manzana del Ensanche de Barcelona. Es un paisaje urbano muy comunitario y proclive a la indiscreción, porque las andanzas de los vecinos en sus habitaciones son, como mínimo, translúcidas. No es preciso que te remita al clásico de Hitchcock para subrayarte la seducción y los beneficios del paciente escrutinio vecinal. Yo mismo, un lento mediodía de sábado de hace muchos años, en el cuadrado interior de las calles Gerona, Bailén, Consell de Cent y Diputación, evité un robo con escalo debido a mi afición, puramente profesional, al fisgoneo. Es probable que se trate de algo mal hecho, pero la verdad es que yo no puedo dejar de poner el ojo en cualquier cerradura prometedora. La vida de los otros me parece la forma más sofisticada de la fantasía. Hasta el momento, y excepto en el caso del frustrado escalo, creo que mi afición, por lo demás ya muy limitada desde hace años por razones técnicas, no ha perjudicado a nadie. Pero sé también que no es por completo inocente.
Es probable que Guerín la comparta en alguna medida. Y de una forma también profesional, aunque algo más arriesgada. Guerín hace cine y alguna vez ha filmado a sus vecinos, al menos cuando estos se han aventurado en la dudosa zona de penumbra entre lo privado y lo público. Esa es la confesión inicial de Recuerdos de una mañana, su última e invisible película, que arranca con unas imágenes de diversos vecinos en sus balcones barceloneses. Entre ellas aparece el borroso fotograma de alguien que está tocando el violín en el interior de su casa y que la cámara vislumbra a través de la ventana abierta.
Meses después, el hombre del violín se mataría tirándose ventana abajo.
El suceso dio un valor dramático e inesperado a las imágenes que Guerín guardaba. Supongo que durante bastante tiempo estuvo preguntándose si haría algo con ellas hasta que se decidió por la película. El argumento de lo que ha acabado haciendo es simple. Simplicísimo. Una onomatopeya. El eco de un cuerpo al caer desde una ventana. Una caída reconstruida por los vecinos. Los vecinos son gente muy peligrosa. Ya he hablado de mí. Los vecinos son los otros, el infierno del que hablaba Sartre. Los más repulsivos son los que posan ante la cámara de Guerín en el plan de testigo-interpelado-por-la-tele y cubren con sus estúpidas sospechas psicologistas, con su lengua de plasma, el cuerpo del muerto. Pero hay alguno que conmueve.

El saxofonista, por ejemplo, que sopla por costumbre junto a la ventana, mirando a la calle, y que más de una vez se sintió acompañado por el violín de la otra esquina. Luego, en algún otro vecino, está el hecho descrito con palabras, mucho más terribles e hirientes que la exhibición de cualquier anatomía convulsa: la mujer que explica cómo al oír el ruido salió a la calle y acompañó al hombre, solos los dos entre la gente, en el trance de hacerse cadáver.
La película lleva por título Recuerdos de una mañana, que es el subtítulo de Contra Sainte-Beuve, el importante libro de Proust. Más allá de la banal coincidencia horaria, y la tópica tentación proustiana que acompaña a toda indagación sobre el paso del tiempo, yo no veo relación entre ese libro y la película. Es más: como es sabido, el libro es una requisitoria de Proust contra el principal crítico de su tiempo, Sainte-Beuve, y contra cualquier intento de vincular la vida corriente (el «ser social» lo llama Proust) con la obra de un artista. Una condición que se incumple en este caso, porque la película no solo es el resultado del ser social de Guerín, de su vecindario, sino que yo diría que es un ser social en sí misma. Un rasgo que, por supuesto, no afecta a la calidad de la película, porque, entre otras cosas, Sainte-Beuve era el que llevaba la razón, tal como la propia obra de Proust demuestra violentamente. Para pensar en un francés yo escojo de inmediato a Georges Bernanos, en aquella paráfrasis de Claudio Magris que tantas veces te he citado: «Hay que seguir viviendo, se dice después de cada muerte: y Bernanos se preguntaba si no era eso precisamente lo horrible». No solo lo horrible, sino también lo inexplicable: cómo un hombre puede seguir andando por una calle después de que delante de él haya caído otro hombre fulminado. Este es, a mi juicio, el tema de la película, en el que Guerín escarba con precisión, a veces con una punta de amaneramiento literario y siempre con dignidad y belleza. No va a ser nada fácil que veas esta película.
Hace algunas semanas, un familiar de la víctima escribió una carta a un diario local, anticipando su decisión de ponerse entre abogados: «Mi hermano fue filmado reiteradamente por este director de cine desde el otro lado de la calle, mientras tocaba el violín junto a la ventana, y además en ropa interior. Tras su suicidio, Guerín montó una auténtica lavandería vecinal para comentar lo que había ocurrido. Algunos vecinos que conocieron a mi hermano pudieron informarle sobre el suceso. Otros van soltando calamidades delante de la cámara: «Era un fracasado», «Me cayó a medio metro», «Tocaba fatal» […] Todo el documental está hecho de mentiras y difamaciones sobre alguien a quien Guerín nunca conoció y a quien debería haber respetado desde el principio, sobre todo cuando violó su intimidad con su cámara digital sin pedir permiso».
Cualquier espectador de la película haría algunas precisiones a este párrafo. Es probable que el hombre del violín fuera filmado reiteradamente, pero la película sólo lo muestra durante un segundo, prácticamente irreconocible para cualquiera que no forme parte de su entorno. En una ropa interior que en lo exterior podría pasar por traje de baño. La lavandería vecinal no la montó Guerín, desde luego, sino que es un fenómeno humanísimo e inexorable cada vez que un suceso, como se dice en las novelas, perturba el vecindario, y uno de los méritos de la película es reflejarlo contenidamente. Puede que haya mentiras: la vida va llena y en ningún caso se alienta al espectador a creer los comentarios vecinales. Hay en este punto algo sumamente importante, y querría ser preciso al explicártelo: la película no es un telediario, sino lo que se ve en un telediario. Por lo demás, creo que con dificultad alguien podría demostrar que hay difamaciones. Por el contrario, el párrafo lleva razón en algo: Guerín no pidió permiso.
Se me ha echado la carta encima, como me pasa cada vez que encaramos estos asuntos. La semana próxima continuaremos. Pero ve rumiando. ¿Debió Guerín pedir permiso?
Sigue con salud
A.

Querido J:
(Resumen de lo publicado. El cineasta José Luis Guerín filmaba a sus vecinos. Entre ellos, un hombre que tocaba el violín. Un día el hombre se tiró por la ventana. Guerín decidió hacer un película sobre el impacto del suicidio entre el vecindario e incluyó unas imágenes del hombre. Su familia
ha puesto el asunto en manos de los abogados.)
Te anticipaba en mi carta anterior que no va a ser fácil que veas Recuerdos de una mañana. La familia se niega a que la película se exhiba. Bajo ninguna circunstancia. Guerín acepta que no se vea en España. Pero añade que por motivos de humanidad: porque comprende, así lo dice, el dolor. A mí me parece absurda esta distinción. La cuestión es si Guerín tenía o no derecho a hacer esa película y no qué espectadores tienen derecho a verla. Es probable que la discusión judicial se centre en los fotogramas que muestran al suicida. Es un detalle interesante, porque fuerza a pensar que la película sobreviviría perfectamente sin esas imágenes, y eso centra el problema donde me interesa, es decir, hasta qué punto y en qué condiciones un artista puede utilizar la vida de alguien.
Las imágenes, empecemos por ahí, tienen un peso indudable respecto a la presunta violación de la intimidad. Aunque no son nítidas equivalen en sus efectos a que en la película se pronunciara (que no se hace) el nombre del suicida. Tienen un cierto valor identificatorio. La pregunta es si un nombre propio, perteneciente a una persona real, puede aparecer en un relato público. La respuesta parece obviamente afirmativa, a riesgo de que lo contrario hiciera desaparecer el periodismo, un relato público repleto de nombres propios, muchos de ellos anónimos, y a los que no siempre se suele pedir su asentimiento para traerlos al periódico. La respuesta tiene, sin embargo, una condición moral y a veces legal, y es que sobre el nombre y apellido no se adosen mentiras. Un nombre propio convoca a la veracidad, incluso en un relato ficcional. Aunque se llame Napoleón y sea Tolstoi el que lo convoque. Si muchos nombres propios son libertad sin fianza para algunos artistas es porque ya no hay nadie que sufra directamente por las mentiras proyectadas; porque la luz de ese nombre hace tiempo se apagó para los que fueron los suyos. No me parece que Guerín incumpla la condición de veracidad en su relato. Es cierto que en su película aparecen absurdas y hasta ridículas opiniones (no hechos) sobre el suicida; pero solo retratan a los que las profieren.
La filmación del hombre del violín se produjo en un ambiente íntimo, una habitación de su casa, por cuya ventana abierta penetró la cámara indiscreta. Es probable que eso traiga problemas judiciales a Guerín. La casa es sagrada, reducto último de la intimidad, etcétera. Pero esa evidencia no impide que podamos mirar algo más de cerca. Se aprecian algunos detalles. El primero es que el hombre del violín se expuso a la mirada ajena sin que pareciera importarle. Lo que vio la cámara podía verlo, aunque admito que con mayor dificultad, el ojo de un vecino. No extraña su indiferencia: estaba tocando en un día de calor, con el torso desnudo y los calzones puestos: nada de lo que se exhibía era denigrante ni entonces ni ahora. Sobre el carácter presuntamente denigrante de una foto tomada en una intimidad muy distinta me hizo reflexionar el abogado Melero cuando, comentándole mi asunto, recordó aquella valiosa y nocturna fotografía de Javier de la Rosa comiéndose un bocadillo tras los barrotes de su celda en la cárcel Modelo. En primera instancia condenaron al fotógrafo Carles Ribas y al diario El País, porque, aun en una celda, un hombre tiene derecho a la intimidad. Pero el Supremo acabó por dictar la absolución en razón del interés público, el valor noticioso y otros intangibles.
No sería fácil que Guerín adujera como eximente el valor noticioso de su indiscreción. La noticia no es el objetivo de su relato. Sin embargo la noticia, el carácter de la noticia, aletea desde la raíz del conflicto que enfrenta a la familia y al cineasta. Muy difícil habría sido que alguien hubiese reprochado algo a Guerín tratándose, pongamos, de una violación seguida de asesinato. Es indudable que en los reproches familiares no sólo están el balcón, el violín y los calzones, sino la exhibición pública de una noticia privada. El suicidio. Y en este sentido no hay duda de que cuentan con el apoyo de una prensa que considera pública cualquier violencia que uno comete sobre otro, pero no la violencia del uno sobre el uno. A menos que el uno, por hipócrita supuesto, sea famoso, porque entonces todos los cerrojos morales se aflojan. A pesar de todo es dudoso el carácter privado de un suicidio que alguien consuma tirándose por un balcón que da a una calle concurrida y a las dos de la tarde. Sobre la última voluntad de un suicida es hasta inmoral establecer hipótesis; pero conviene recordar que Guerín hizo su película a partir de un hecho que ocurrió en el espacio público más convencional.
Tiene su interés desmenuzar todo esto para saber hasta qué punto los protagonistas de un hecho deben dar su autorización a cualquier cronista que quiera ocuparse de él. Recuerdos de una mañana es una película acabada, cuya exhibición está pendiente de un conflicto raro e interesante. Pero más allá de los principios generales es evidente que la suerte legal de un experimento de esta naturaleza dependerá siempre de la denuncia que se proyecte efectivamente sobre ella. Esta denuncia ha existido, y agria, en el caso de Guerín. Vuelvo a ver la película y no distingo problemas más allá de los principios generales. Sigue fastidiándome la grava de literatura con que está asfaltada. Pero no alcanzo a ver el daño. Es más. Las ciudades están llenas de esquinas donde un hombre sufrió, abrazó o cayó. Las ciudades son un inmenso cementerio. Un cementerio no segregado del andar de los vivos. No parece indigno que de vez en cuando alguien descubra una lápida.
Sigue con salud
A.

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51 pensamientos en “Recuerdos de una mañana

  1. Anatomía del suicidio de un vecino
    NANDO SALVÀ
    LOCARNO

    José Luis Guerín tenía un ve­ci­no que vivía en la fin­ca de en fren­te, en el quin­to pi­so del nú­me­ro 45 de la ca­lle de Casp de Bar­ce­lo­na –un edi­fi­cio del si­glo XIX en cu­ya fa­cha­da se lee una fe­cha, 1900–, que se lla­ma­ba Ma­nel y to­ca­ba el violín y tra­ducía a Proust, y que el 21 de ene­ro de 2008, a las dos y me­dia de la tar­de, se tiró por la ven­ta­na y se mató.

  2. Pues pq Sarapo adora a Arcadi.
    Este mundo es libre. Menos mal!.
    Mi opinión es que su pequeño intento de ensayos y semiprosa deja mucho que desear…engulle too pa dentroo.. metáfora?; juzguen los que lo conocen.
    Debeía ir a clase de lengua de la Hermana Consuelo.
    Creo que usa el corrector de su mac tamaño gigante que usa por televisor.

    Disgustada por si largan a esas maravillosas chicas de informativos de la 1: Ana Pastor, la muñeca rubia, la pepa..ay..molan esas muyeres.

  3. Aquí tenemos también la oportunidad de no leerlo y de los habituales no creo que pase del primer párrafo ninguno. Qué coñazo el miserias de Arcadi.

  4. Estos día de Noviembre, lluviosos, grises, en los que uno acaba de comer y ya parece que es de noche. Solo invitan al trabajo callado, a la lectura, a encerrarse en una habitación sin ruido y sin molestias. No cabe mayor felicidad que la del ermitaño.

  5. A mí el Arcadi que me gusta es el de Iñaki Antigüedad. No me engaño, me gusta porque coincide conmigo, por qué iba a ser si no. O lo que es lo mismo, la pregunta que le hice a Rosa Díez hace un montón de años: ¿Por qué querría uno, pudiendo elegir, ser compatriota de esa gentuza?

    (Arcadi peca de moderado. Hay muchos recogenueces que no aparecen en esas 333.628 voces)

  6. • ARCADI ESPADA
    Iñaki Antigüedad
    EL POBRE presidente (de una arrogancia tan insondable que consideró durante la noche electoral que no debía dar cuenta de la derrota del PSOE, porque pese a ser presidente del Gobierno y secretario general del partido no se trataba de su derrota) acaba su intervención matinal y dice que en democracia el pueblo nunca se equivoca. El sobado pasiego. Supongo que debe de decirlo por los 333.628 ciudadanos que han votado a Amaiur. Naturalmente que el pueblo nunca se equivoca. Entre otras cosas porque nunca acierta. El voto no es una quiniela: sólo exhibe lo que hay en cada cerebro. Pocas veces se ve tan claro como con motivo del voto vasco. ¿Acertar o equivocarse?: qué le importarán esas sofisticaciones de la razón a los que han dado su apoyo a Iñaki Antigüedad. La cuestión es que ese hombre y otros como él debían estar donde están. La cuestión es, exactamente, ésta: a 333.628 ciudadanos vascos les parece bien que ETA matara durante 50 años y que haya dejado de matar ahora. Una vez condenada, sin retrospección, la violencia y una vez desaparecida ETA, ningún Estado de Derecho podía impedir que Amaiur y toda la patulea estuviera en las elecciones. No es que no podía impedir; es que no debía. Y no debía, entre otras razones, para permitir que se exhibiera con toda crudeza aritmética el estado de inmoralidad de la patria vasca. Tampoco el Estado podía exigir a la soldadesca que condenara su pasado y que asumiera hasta qué punto todo había sido una beoda y trágica mascarada. Y tampoco las víctimas. Cuando se decía, ¡en nombre de las víctimas!, que la inmoral muchedumbre debía condenar su pasado yo me mareaba. ¡Condene usted su pasado y devuélvame a mi padre agujereado! Por pedir que no quede. No. Nada de eso tenía el más mínimo sentido.
    El único sentido de la condena del pasado, de aquello que con tanta precisión definió el nacionalista Àngel Colom («Ningún proyecto político vale la vida de un hombre») era otro. Era permitir que esos 333.628 pudieran depositar su voto y luego levantaran, poco a poco, la cabeza. Es decir, otorgarles la mínima dignidad que exige vivir en una comunidad y participar de sus decisiones. Y no verse en las miserables condiciones en que se ven hoy, habiendo legitimado con su voto la conducta de la mafia, diciendo, y a 333.628 voces, sí, el crimen tuvo sentido y valió la pena. Y convirtiendo, desde hoy, la comunidad autónoma vasca en un estado moral fallido.

  7. Hoy lo interesante es la lluvia.
    Llueve a gusto, el aire crea cortinas de agua y huele a limpio.

    Tanto leer sobre suicidios eclipsa la vida.
    Guerin e interesante: “oximoron” que diria el otro.

  8. Estos últimos findes mi chico y yo acostamos al bebín y vemos la peli de “Versión Española”.
    “Segunda piel” estuvo bien, mal,..no sé, pero me hizo soñar con ello varios días: qué tipo más repulsivo; la peli enganchaba.
    Pero este sábado vimos “La buena estrella”: diooos, qué mala: la trama ye tremenda: una tuerta, un cura, un estéril, un yonqui que se hace etarra-cómo si los etarras quisieran a los yonquis de la ventilla-, un sida, una eutanasia con tiro de escopeta de caza, una embolia…
    No sé si nos reimos más con La buena estrella o con Albano sosteniendo:” cuando Romina me dejó pensé en suicidio, homicidio….” ( y toso esto con acento italiano).

    El caso es que viendo estas pelis una se acuerda de las hombreras o los vaqueros eléctricos o la permanente..no resisten el paso del tiempo

  9. Hombre, en los 90 no, pero difiero de los 70-80, anónimo.
    Mi zona laboral es La Paz , y la Ventilla era lo que era; verdad es que hay y hubo zonas mucho peores.

  10. Jordi Mollá es un actor grotesco; los climax de sus personajes provocan risa, no pena.No te lo crees.

    Ahora que lo pienso: el pintalabios rouge sí resiste el tiempo.

  11. Me resulta muy interesante lo que cuentas tú y tu amigo Arcadi.
    Lo cierto es que no tienen fácil respuesta las cuestiones que se plantean, pero siento que se tuvo que abstener de sacarlo al escaparate. Tampoco me hubiera gustado que retransmitieran a Nadal aliviándose tras el apretón que le dio en el partido contra Fish.

  12. La crisis y FAC se llevan por delante al Niemeyer y a la Semana Negra de Xixón.

    No sé. Sólo sé lo que haría yo, que no pienso ni como periodista ni como cineasta. Comprendo que la familia no quiera que se exhiba la película. Pedirles distancia es pedirles mucho.

  13. No la vi y me he enterado por encima. Parece un documental de la naturaleza, pero con personas. Una vez un vecino quiso poner una cámara en la zona comunitaria y varios le dijeron que era ilegal o estaba prohibido, ni idea.

    Nunca fui, ni espero ir a las vascongadas.
    Creo como MA que se quedó corto: esos trescientos treinta y tres mil no nacieron por generación espontánea. No capto bien lo que le trató de decir a R10.

    Aquí también está lloviendo.

  14. Joder, desde que Sarapo no escribe, ya no queda nadie de ciencias en LNE? Antes de darnos lecciones de economía y adivinarnos el futuro, deberían explicarle a Javier Neira ciertos conceptos matemáticos. Nada complicado, como si él fuera un habitante de Barrio Sésamo: 1, 2, 3…

  15. Pienso yo en mí mismo y me jodería que a un familiar suicida me lo sacaran en un documental que para mí es lo mismo que una ficción, nunca supe ver la diferencia. De todas maneras cualquiera que haya visto La ventana indiscreta sabe que en el acto de espiar a los vecinos hay algo incorrecto, enfermizo.

    La buena estrella es de lo mejor del cine español. Pero ¿para qué discutir? Abandoné eso hace tiempo, como saben.

    • Nadal es madridista.

      Con Mariano las cosas vuelven por sus cauces. O sea, las ligas para el madrid y las copas para el bilbao.

      Pipurrax, que tal esa cirugia de valvula insuficiente?
      Ya mejor?

  16. Ya lo dicen los políticos: ha triunfado la democracia.
    Es por esto que a unos les gusta Arcadi y a otros no; a unos les gusta La buena estrella y a otros no.
    No se debe discutir por eso.

    El copago no soluciona nada; sí el uso racional de medicamentos y servicios.
    No es de recibo que haya: cta de gine para menores de 14 años,internista y nefrólogo online, etc…y quirófanos cerrados en Cataluña.Y esto va a peor.

    Hoy el Femyts me ha enviado un correo diciéndome que necesitan Médicos de Familia en Usa, españoles cotizados.

  17. Mucho se ha dicho por aquí de esto. A mí este bergante me gusta como escribe, y la mayoría de los días lo que cuenta. Me ha recordado mi intento de recuperar la memoria de disco externo pérdida y cómo acabé hasta el gorro.

  18. La libertad se entiende mejor si se tiene en cuenta que somos organismos sujetos a unas restricciones fisiológicas y lógicas (sin fisio). La libertad no se da en el vacío, sino en un ambiente del que uno forma parte activa. Tenemos una historia escrita en nuestros genes que determina en cierto grado lo que se puede esperar que hagamos con mayor libertad y lo que se puede esperar que hagamos a la desesperada, si se diera el caso. Lo que se denomina pensamiento irracional es, en muchos casos, la razón evolutiva. Los sesgos cognitivos descubiertos por Kahneman y Tversky son fallos en un sistema intuitivo que es perfectamente funcional para casi todas las situaciones en las que se usa. Los heurísticos, atajos mentales para resolver problemas complejos de forma rápida, son necesariamente anteriores al pensamiento deliberativo, los casos únicos anteceden a las estadísticas. De hecho los mecanismos neuronales que se convierten en prontos siguen ahí, porque la evolución construye sobre lo que hay, no sobre una hoja en blanco. Siguen ahí y guían al mismo pensamiento deliberativo, sin que este lo sepa, en sus deliberaciones. Gran parte del pensamiento deliberativo, de la acción, que es acción, del lóbulo frontal, es inhibición de impulsos. La razón es en parte inhibición de una respuesta automática y en parte la capacidad para, una vez inhibida esta, buscar una respuesta que resulte más adaptativa (si lo fuera menos no habría evolucionado el raciocinio).

    ¿Qué entendemos por libre albedrío? Quizás sólo sea otro de nuestras asíntotas conceptuales que no se refieren a una realidad inequívoca. Es estúpido afirmarlo, como lo es negarlo, porque el concepto es tan ambiguo que cualquier idiota puede hablar de él y decir una verdad al respecto, mezclada con dos o tres ideas falsas o indemostrables.

  19. A mi me preocupa el rodillo de igualdad que parece se impone en la guerra de sexos. Viene a cuenta del estudio de mujeres progresistas… Las relaciones necesitan su cocción pero siempre me ha parecido que tienen su fricción y su inconsciente carga de poder. Pero que si terminan por acoplarse es tb por eso, por ser elementos diferentes, seguramente biológicos, que buscan solaparse como una función coordinada, como puede ser un enzima con su sustrato o una llave con su cerradura. Sin juicios de valor. En equipo, sin valorar ni mejor ni peor cada elemento. Aseguro que no es para ponerme en el plan de montar un idilio, un romance o un baile, que uno ha de llevar el paso y otro dejarse llevar por el ritmo inexcusablemente, pero es que estos artificios pseudoculturales (porque la cultura me parece otra cosa) que generan igualdad reificada negando las diferencias psicológicas, que las hay, entre individuos y géneros, para la vida cotidiana, a mí me desasosiegan mucho. Quizá sea manía pero me da por pensar que me debo limitarme a desahogarme superficial y ocasionalmente de mis instintos sexuales, y dejar los enredos, a pesar de lo liberaloide que creo soy con el tema pareja; que la cosa está muy muy mal y absolutamente fiscalizada y que no puedes ir por ahí con el rollo sentimental de media naranja de afinidad para unirte a una feminidad cualquiera. Maduremos. La verdad, acaban gustándome más las locas que las otras sacándome permanentemente los defectos, que son muchos. Maduremos otra vez; tendré que fijarme más y bajar la tapa del water siempre. En serio, yo ya he pasado la época de ser chico y experimentar todos los tipos de roles, pero comprendo que al principio no resulte sencillo ser como no eres: una mujer, con todos los respetos a las feministas.

  20. Encantada con la prescripción por principios activos.Ya no más peleas con pacientes ni explicaciones.OMI es cada vez más inteligente;la nueva adaptación es fantástica. Algún día nos hablará…ay..un omiR2D2…

    Aún traspuesta con el capítulo de ayer de “Cuéntame”.

    Y me han dicho que Paquirrín ha sufrido un aborto.
    Y por fin viernes con solazo.

  21. Acabo de ver Un metodo peligroso. No se si reir o si llorar. Lo mejor, los azotes en el culo de la kneura knightley. Infumable biopic.
    Mucho mas sincero el telefilme de roberto faenza.

  22. Los catalanes no hicieron sus deberes a tiempo y ahora vienen los lloros.
    :……..
    Propuesta excitante. Se excita usted fácil Sarapo. Enhorabuena.
    :……..
    La Receta Electrónica supone un antes y un después. Una gozada. Sobre todo para la administración. “La industria farmacéutica estará hasta cinco minutos antes y después de prescribir, pero en el momento clave, estaremos nosotros”.

  23. Pipurrax, ¡ay misero de tí, ay infelice!
    ¡Cómo piensas q eso sirve para algo habiendo los galgos q hay entre los presidentes de las sociedades!

  24. En Galicia llevamos más de 1 año con receta electrónica y es una maravilla, Elimina un montón de tiempo de trabajo administrativo tonto y permite conocer al instante el precio de lo que recetamos, en mi caso me ha permitido ser más consciente del gasto farmaceútico que genero y realizar una notable reducción del mismo.

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