De mar a mar (V)

Seguimos entre canadienses risueños y felices. Nos da que pensar tanta alegría, tanta sonrisa perenne. Y por especular, relacionamos el buen humor con el excelente verano que estamos disfrutando. Están, diríamos, algo maniformes con tanto rayo de sol en estas tierras que pasan mucho tiempo nevadas y yertas.
En Ottawa, que viene a ser un poco como Valladolid. O sea, un ciudad fea, contrahecha, cosida a base de retales y remiendos varios. Pero con un casco antiguo muy interesante. Y puede que con algún café donde oficie algún Terreiro. No sería de extrañar.
Ottawa es el Parlamento. Mejor aún, la colina del Parlamento que ocupa media docena de majestuosos edificios de corte clásico. Esta tarde hemos recorrido la Cámara de los Comunes y el Senado. Algo que no hemos podido hacer aún en el Parlamento español. Y una piensa que un poco la Democracia son también estas cosas tan básicas. Como que los ciudadanos puedan conocer la primera de sus instituciones por dentro mas o menos cuando quieran. Para ello solo falta abrirles las puertas. Doy fe, para tranquilidad de las señorías españolas, que ninguno de los 1000 visitantes de hoy se llevó ningún escaño.
Ottawa es un remanso de tranquilidad camino de Quebec. Para eso la eligió la Reina Victoria, buscando la equidistancia en la batalla de las lenguas. Ciudad neutral, pues. Pasamos página.

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15 pensamientos en “De mar a mar (V)

  1. Irse a Valencia
    Mientras le contaba la historia del guerrillero de Cristo Rey que quiso ser diplomático y se dedica ahora a la cameloterápia de la moxibustión y otros ajustes energéticos, tras de pasar por un matrimonio salvador de moza delirante que terminó en el tribunal de la Rota, nuestro despistado M. A. Kempes, sin perder turno en cucharada y paso atrás, quería responder al por qué de la camarera. Mi ojo clínico en fugaz ráfaga la catalogó de algo corta y feliz por tener la oportunidad de ser estrella presentando las creaciones de la restauración de su mentor. Nos leyó de un papel escrito a boli todos los componentes de la exótica mezcla que formaban los entrantes, con bolita de helado inclusive. Tirar y romper un plato ya vacio en la mesa cercana con comensal femenino de incoercible tos cavernosa fue su clímax.
    Al preguntar si café, decir sí yo y mejor fuera Kempes vino tres veces con negro delantal (de diseño) y blanca sonrisa (¿Profiden?) para repetir un no quieren café, ¿No? La cuenta, respondía Kempes sin mirar. 
    Lo dejé preocupado y rumiando esa w tan poco periodística a las puertas de su curro. 
    En taxi me largué a mi facultad; tras retratar a Palas Atenea (pena no sepa incluir foto), me pasaron otros hechos felices que en el siguiente capítulo se narran (el continuará che).

  2. Lo de Ottawa y Valladolid es bueno. Muy bueno. Y lo del bar de Terreiro (donde no estaba cuando yo estuve), también. Además, en Ottawa está el Civic Hospital donde, en el Pleistoceno, hizo el equivalente al MIR un buen amigo. Que, por cierto, acabó liándose con mi primera mujer. ¡Y quitándomela de enmedio!

    (Pero eso es, claro, otra historia.)

  3. Qué tío. No conforme con Australia, Canadá de O. a E. La próxima vez que lo vea no lo saludo, coño.

    La edad nos ablanda: exóticos entrantes con bolita de helado, delantales de diseño… ¿Qué fue de la paella con Coca Cola en el bar del polígono? Se me están amariconando.

  4. Falta conocer a los emergentes, amigo Juanjo, después de pasar por Australia, Japón, USA y Canadá. Creo que Perú no cuenta como emergente.

    Algunos del 15/M acampan a la vera de Cibeles. Les desalojaron de las cercanías de Neptuno a la vera de la carrera de S Jerónimo nuestro boceto de colina parlamentaria.

  5. Vamos a sufrir las consecuencias del cambio político en Asturias en nuestras propias carnes (bueno, en las de nuestras hijas): hemos perdido un pediatra pero hemos ganado un gerente del SESPA (para los no astures Servicio de Salud del Prinicipado).

  6. Como me jode el nacionalismo astur -como todos-. Valladolid le da mil vueltas a Avilés en todos los aspectos. Y no digamos en el cultural. Fea, es posible. Pero menos que Avilés, no me jodas. Y con menos mafia.

  7. No veo el nacionalismo por ningún lado. Pucela es muy superior a Avilés. No cabe duda. Pero ambas son bastante feas. Como gijon, otro engendro.

  8. Si te pones pesao puedes conseguir el móvil de los parlamentarios canadienses: eso también es democracia. Ottawa tiene una colina del parlamento que la diferencia de Valladolid, aparte de algunas otras cosas, como el barrio de las embajadas. Pero es cierto que parece una ciudad hecha como a brochazos, aunque más “american style” que Valladolid, por supuesto.

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