De mar a mar (III)

Banff, Alberta. Atrás hemos dejado las verdes y extensas praderas que avena durante cientos de kilómetros el Río Thompson.Se viaja cómodo por Canadá en esta época. El clima es templado, de vez en cuando llueve y de vez en cuando sale un sol glorioso que ilumina este surtido de naturaleza “ao vivo”. Los canadienses tienen una relación muy estrecha con su medio ambiente. Lo perciben casi siempre como un aliado y nunca como un enemigo, como les pasa a los australianos. Y no es por falta de riesgos que aquí los hay a diario y a patadas. Pero en general todo está bastante domesticado y las torres más altas han caído. Para nosotros, urbanitas, es de una gran utilidad que el asfalto llegue hasta el mismo borde de algunos glaciares. Es la única manera de la que podremos conocer el hielo.
Aquí se ha hecho un gran esfuerzo de síntesis y de civilización. Que quiere decir que lo hay en la Tierra deben disfrutarlo los humanos antes que se lo coman los gusanos. Bueno, pues en eso de disfrutar de la Naturaleza salvaje de una forma no demasiado invasiva parece que los canadienses son unos maestros. Y no engañan al turista ávido de fotos. Ya lo decía Javier Krahe: “…desde el alce hasta el abeto, se diría todo quieto..y sin embargo, se mueve..”. Pues lo dicho, mucho lago salvaje, mucho pico de montaña inmarcesible, mucho oso grizzly, mucha cría de caribú, mucho nevero, mucho verde y mucha agua.
No caeré en la tentación de decir que ante ciertas cumbres has de hincar la rodilla en tierra y dar gracias al cielo o a quien sea de tanto gozo natural. No tengo el cuerpo para esas emociones. De hecho, he conocido estos andurriales antes que la Senda del oso o que los Picos de Europa. Pero puede que como estos lugares no haya más en el planeta.

*****

Para Heptafon, como aperitivo.

Vancouver in the Rain
(Regan D’Andrade, Dec 1999)

Vancouver is famous for its rain. It can rain here for weeks on end, but it does not usually bother me. However, several years ago I found myself coming close to being thoroughly disgusted with the rain.

I walked home from work one evening in the pouring rain, mumbling under my breath the whole way that this weather was only suited to ducks. The building I lived in was large and square, and it surrounded a brick courtyard. I came around the corner into the courtyard and there, to my amazement, was a beautiful Peking duck in a huge puddle in the middle of the courtyard, quacking and splashing with obvious delight, I had to smile, glad that such joy can be found in the gray wetness of such a day.

I have often thought that we do not have nearly enough words for rain, especially as this was once a rainforest. There is booming rain, whispery rain, rain that lulls you to sleep, and rain on the leaves which sings you awake; there is soft rain, hard rain, sideways rain, rain that makes you instantly wet, and rain that leaves soft kisses on your cheek, like the wings of a butterfly.

Rain brings us all the shades of gray, but it also brings us the wonderful greenery that surrounds us and blesses us.

*****

Sigue el repiqueteo en la cabeza con El club del Bang Bang. Sigo recordando escenas. Y sigo preguntándome sin respuesta: ¿eran unos psicópatas? ¿O simplemente trabajaban en un oficio demasiado cruel?
Reviso la foto de la muerte de Oosterbroek. Se ve como ayudan a Marinovich a escapar, en primer plano. Atrás, se ve como dos personas intentan sacar a Oosterbroek moribundo de la balacera. Y lo más terrible, ver Kevin Carter pasa de todo y trata de obtener la última foto con vida de su compañero. No va más. Ardo en deseos de llegar a España para saber qué piensan del tema mis amigas fotógrafas.

Anuncios

15 pensamientos en “De mar a mar (III)

  1. T.

    Te fijas más en las gafas si tienes que usarlas que si no usas esta prótesis. Pero en Vancouver hay locura por las gafas de variada forma. La propia Coixet, tan digna y tan consumista a la vez, es un ejemplo. Está claro, pues, que tenemos formas distintas de ver el mundo. Con y sin.

    • Habla Ud. con una gafafilófila. Mi reino por unas dioptrías. Todo llegará. Hoy el enano me ha roto una patilla de las de sol, amputada de cuajo.
      La Coixet y Ud. , almas gemelas. Mi vida sin mi se me antoja irreal. But who knows.

    • Climatológicamente creo que es una comparación válida. Avilés /Salinas.

      Y sobre Vancouver, por referencias podría tener grandes expectativas. Pero puestas las referencias en perspectiva, no espero grandes maravillas. Sin duda en luna de miel se ve todo de otra cosa, claro que ¿a quién se le ocurre ir de luna de miel a Vancouver?

  2. JJ, o cine macho o Coixet. Yo me quedo con el cine macho, ese que no se hace desde hace 50 años.
    En fin. yo me quedo con el lado sur de la frontera.

  3. Envidia. Está mal visto reconocerlo. Canadá occidental. Qué envidia.

    Juanjo, tendría que mirarlo y confirmar. Me da que Kevin Carter no estaba presente en la muerte de Oosterbroek.

  4. Ni de pequeño era de los que en el cine insultaba a los malos o azuzaba al caballo del bueno … (enamorarme de la chica sí). Las películas de guerra y los libros que he leido de ellas y de otras situaciones lejos de mi tranquila vida sin peligros me han hecho cauto a la hora de enjuiciar mal a quien se ve envuelto en aquello. No me pregunto por lo no vivido desde mi sillón; no tengo la referencia personal y me quedo en suspenso. … Tiendo a lo Paulov: vuelve psicótico lo que lo es ya fuera y al que entró en ello, si puede, le cuesta salir. ¡Anda que no hay libros magníficos al respective!

    Por cierto, Alice Munro es la escritora canadiense que más he leído.

    El oso grizzly en los campos de avena es como el canguro en el asfalto, rarezas con.

  5. En el País de hoy aparece una quiniela que ilustra el artículo de Martínez de Pisón. Dicha quiniela corresponde a la jornada 15 de la temporada 1970-71. Ese año ganó la liga el Valencia. Para mi hoy esa es la noticia del día.

  6. Confirmo: es Silva el que saca la foto a Oosterbroek. Carter no estaba ese día en Thokoza. En primer plano están Manirovich y James Natchwey (fotógrafo). Al fondo, Joao Silva, mientras un oficial de policía y otro fotógrafo (Gary Bernard) llevan a Ken Oosterbroek.

    No creo que fueran unos psicópatas. Carter, en concreto, era un drogadicto. A Silva le volaron las piernas hace ¿dos años? en Afganistán. Mientras lo evacuaban no dejó de tirar fotos. Coincido con Cat: es muy difícil juzgarlos.

    La película deber estar basada en The Bang Bang Club: Snapshots from a Hidden War, el libro escrito por Manirovich y Silva. No es muy conocido que el primer Pulitzer otorgado a un sudafricano se lo dieron a Manirovich por Antorcha humana, tres años antes que a Carter. Así lo cuenta GM en el libro: “Había una boletería de ladrillo que me impedía ver al hombre tirado en la calle. Cuando oí a las mujeres ululando en celebración de la victoria, corrí para ver mejor. El hombre al que creía muerto estaba corriendo hacia el campo, envuelto en llamas. Lenguas de fuego rojas, azules y amarillas quemaban su ropa y su piel. Corría de manera torpe y urgente, lo que pretendía era escapar del dolor. Levanté la cámara mientras la antorcha humana detenía su marcha y se derrumbaba. Cuando hacía foco, noté que el sol estaba justo detrás del hombre en llamas. El medidor de luz de la cámara no funcionó, así que abrí totalmente el diafragma. Apreté el obturador y después alejé la cámara de mi rostro por un segundo para enmarcar. Un hombre semidesnudo y descalzo entró en cuadro y descargó un machetazo sobre la cabeza incendiada del hombre, mientras un niño escapaba de esa visión infernal, de ese enemigo que se rehusaba a morir”.

    Y sobre Silva fotografiando la muerte de Ken O.: “No podía hacer otra cosa. A Ken le hubiera gustado ver las fotos al otro día. De hecho, Joao pensó que Ken, siempre tan preocupado por su imagen, hubiera preferido fotos donde el pelo no le tapara la cara. A fin de cuentas, Ken era el profesional consumado, el que le había enseñado que primero se sacaban las fotos y después se lidiaba con los demás”.

    • Me dio por cambiarle el nombre: es Marinovich, no Manirovich.

      (Y yo que me enfadaba con mi madre cuando al llegar a las tantas la encontraba despierta.
      Sé que no tiene ni pies ni cabeza el no dormir hasta que la traen o voy a buscarla… y aquí estoy. Así soy y así quiero seguir)

      • Hasta convertirte en una especie de vampiro transgénico; como lo son ellos, que viven la noche y los hay que toleran las primeras luces del día.
        Si te pasaste comiendo así adelgazas y, de paso, nos ilustras. 

    • Aún no. Oficialmente Carter no estaba allí porque andaba concediendo entrevistas (por su Pulitzer). Esa noche, con Oosterbroek muerto camino del hospital y Marinovich con una bala en el pulmón, Silva y Carter cogieron una borrachera descomunal. Destrozaron botellas y cámaras. Al amanecer, ambos volvieron a Thokoza.

      Años después los dos supervivientes del Bang Bang Club volvieron a Thokoza, cerca del monumento que recuerda la muerte de Ken O. El barrio seguía destruido, las casas incendiadas, la misma gente en los mismos hogares. No tenían donde ir. Un viejo conocido, con una mirada cínica y sonrisa socarrona, le preguntó a Marinovich: ¿Así que la vida era demasiado dura para Kevin?

      Nos sentíamos culpables. Nos sentíamos buitres. Habíamos pisoteado cadáveres, metafórica y literalmente, para ganarnos la vida. Pero no habíamos matado a esa gente. De hecho, salvamos vidas. Y, a lo mejor, nuestras fotos marcaron una diferencia, mostrándole al mundo la lucha de la gente por sobrevivir, algo que de otro modo no hubieran conocido, o no tan nítidamente. Hubo momentos, como en Soweto, donde fui culpable por no intervenir. Pero yo no tenía la culpa por los miles de hutus muriendo de cólera en el este del Zaire, ni por la policía abriendo fuego sobre civiles desarmados en Boipatong. El sentimiento de culpa quizá tenía que ver con nuestra incapacidad de ayudar. Manejar la culpa es fácil. Superar la incapacidad de ayudar es mucho más difícil, casi imposible. Hoy puedo decir que no sufrimos ni la centésima parte de lo que sufrió la gente de nuestras fotografías. Hoy puedo decir que no éramos responsables: solamente testigos. Joao Silva.

      The story of The Bang Bang Club.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s